Era
de piel nívea, casi translucida si la observabas fijamente; suave,
delicada, aterciopelada. Era una de aquellas pieles que te cautivaba
y que te inducía a que la tocases, a que la dotaras de caricias, que
la transportaras al mismísimo paraíso y que sólo la hicieras
descender a base de orgasmos. Sus lunares formaban el mapa de éste
vasto mundo; te exhortaba a que los besaras uno a uno y a que le
contases mil y una historias sobre cada uno de los lugares que
estabas visitando en su piel, pero no podías: estabas completamente
perdido en ese desierto montañoso; estabas desconcertado,
desubicado. Y la banda sonora que te acompañaba en ese peligroso
viaje tan solo te turbaba más. Su voz ahogada, el sonido de su pelo
contra tu cara, su delicada piel sobre las sabanas, su respiración
contra el hueco de tu clavícula... todo aquello te impedía que te
concentraras en contarle esas historias que ella exigía y que
necesitaba para sentirse amada y deseada. Todos tus sentidos estaban
puestos en satisfacerla sin palabras, en silencio, tan solo
permitiendo que tu cuerpo le demostrase lo que ella tanto ansiaba
escuchar. Tú creías saber que las palabras se las lleva el viento y
que los actos son más importantes, porque quedan grabados en el
alma, en el cuerpo; ella, en cambio, pensaba que las palabras
quedaban tatuadas en la mente y también en el alma, que esos
tatuajes invisibles dejaban una huella más profunda que los actos.
Pero ninguno se preocupó de que ambos pudieseis tener razón, tú
porqué deseabas zambullirla, y zambullirte, en el inmenso océano de
los placeres, ella porqué quería que sus oídos fuesen acariciados
de la misma forma que su piel transparente, blanca como la nieve,
húmeda como el deseo que habitaba entre los dos y que os abrazaba,
os acariciaba y os hacía sentir como en casa.
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sábado, 21 de diciembre de 2013
Bajo el sol de la Utopía
Posted by Unknown on 8:33 p. m.
Soñábamos con utopías bajo el sol
granaíno, a
la merced del viento, amparados por la tímida sombra de un árbol.
Nos encontrábamos en el mirador de San Nicolás, observando
ciegamente el antiguo palacio nazarí, susurrando sueños, delicias
libertarias que en el pasado fueron nuestras amigas y amantes y con
las que creímos que algún día nos casaríamos. Pero fuimos unos
ingenuos al pensar que nuestra lucha serviría para derrocar esos
tiempos sombríos en los cuales vivíamos, para derrocar esas ideas
lúgubres que recorrían las calles de los pueblos, de las ciudades.
Fuimos inocentes por creer que el amor podría con la avaricia y el
egoísmo. Tontos fuimos, amigo, por creer que podríamos acabar con
el dolor, con la miseria, con esa tenebrosa idiotez tan solo con la
palabra, pero nuestro momento ya pasó y ahora tan solo podemos
sentarnos y hablar, soñar con utopías bajo el sol de nuestra
querida Granada, y pensar que otros, más listos que nosotros, más
enérgicos, seguirán esa lucha utópica en pos de un mundo mejor,
más humilde, más solidario y en donde el amor, indiferentemente de
su sexo, género, clase y color, sea lo que guíe a las personas, en
vez del interés propio, de las ansias de poder. Allí, observando el
paisaje nazarí, con guitarras sonando de fondo y voces mezclándose
y perdiéndose en el aire, nos sonreímos, querido viejo, con
lágrimas de melancolía en los ojos, y con nuestros corazones
tatuados a base de agujas de guerra, y nos despedimos con un hasta
pronto.
PD: Este es el microrrelato que presenté para el concurso de la Librería de Deusto. Mi primera participación en un concurso :)
Posted in Concurso, Granada, Microrrelato, Proyecto, Utopía
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