viernes, 22 de noviembre de 2013

Necesidades

  


Ha sido un día agotador; un día de esos que se te hacen eternos y en los cuales no has parado ni siquiera para comer. Uno de esos días que cuando te metes en la cama, suspiras de puro gozo y desearías poder dormir horas y horas.


Han sido unos días complicados y raros; parecía que el mundo se hubiese vuelto loco y con él, tu vida se hubiese vuelto patas arriba. Estás deseando apagar el ordenador, desconectar el móvil, apagar la luz, y protegerte en los brazos de Morfeo. No quieres pensar más y tampoco quieres que tu agenda electrónica esté pitando cada dos por tres avisándote de que tienes que hacer cosas, cosas que aplazas una y otra vez porqué no tienes tiempo para hacerlas. Y además, dentro del caos, sientes la extraña, necesaria y obligada sensación de mantener un determinado equilibrio y crear pequeñas olas de orden, porque si no, tienes la impresión de que esto te acabará explotando en la cara. Y así, con el agobio recorriendo tus entrañas, repasando todas las cosas que tienes que hacer mañana, pero a la vez con una imperiosa necesidad de desconectar, es como apagas el ordenador, desconectas el móvil, apagas la luz y te proteges en los brazos de Morfeo.
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