martes, 19 de noviembre de 2013

El poeta


“Siempre soñadora,
Siempre libre y perfecta,
Viajera de los tiempos...”

- No, no. Esto es pura basura. - Hablaba con ímpetu, alzaba la voz, suspiraba, y maldecía a ritmos incomprensibles. En definitiva, estaba hecho un manojo de nervios. Escribía, releía, se cabreaba y entonces acababa tachando con rabia las palabras que había impreso en el papel y volvía a empezar: otras palabras que se unían en un intento de formar nuevos versos. Pero nada. Tenía la impresión de que cada vez lo hacía peor. Lo que escribía no tenía sentido y menos aún, música. Llevaba intentando escribir un poema desde hacía horas, cuando el sol aún estaba en su máximo apogeo, pero no lo había conseguido. Ahora estaba anocheciendo y él se encontraba sentado delante de una mesa, con una lampara encendida a su lado y rodeado de papeles, bolígrafos, tazas con rastros de café y restos inservibles de manzanas. No se sabía muy bien si tenía sangre o café en las venas, aunque por su nerviosismo e inquietud podría decirse, más bien, que lo segundo.

“Tú, siempre fiel, siempre amante y amada,
Tú, tifón primaveral”


«¿Tifón primaveral?» se preguntaba molesto y asombrado. «¡Ni qué estuviese hablando sobre el amor!» seguía pensando mientras volvía a tachar. No es que fuese un gran conocedor de ese mítico misterio existencial, pero pensaba que tenía protestad suficiente para opinar sobre el tema debido a que se sabía todo lo referente a él, todo lo que salía en los libros, por supuesto. Al final, acabó tachando con furia toda la hoja, marcándola a base de tinta negra y frustración. La arrancó, la convirtió en una pelota dispuesta a jugar a ser encestada y la tiró en la mesa, junto a todas las demás. Poco después de golpear la libreta con la punta del Bic, se levantó, arañando el suelo con la silla y provocando un ruido, que algunos describirían como «chirriante, molesto, desagradable». Cinco minutos después volvía al salón con una manzana medio mordisqueada y una taza de café frío, dispuesto a seguir, eso sí, con el mismo estado de animo anterior: derrotado y frustrado. 

Reacciones:

1 comentario:

  1. Todo aquel que ha intentado ser poeta sabe perfectamente lo caprichosas que pueden ser las musas.

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