jueves, 14 de noviembre de 2013

Deseo

Y qué decir que era un caos, era una de esas personas rodeadas de desorden, que pensaba que incluso dentro del caos podría encontrar el orden pero qué para encontrarlo podía pasarse tranquilamente medio siglo. Y aún a pesar del desorden que la rodeaba, adoraba el orden: quería que todo estuviese en su sitio y si había algo que no iba acorde a su entorno y situación, se molestaba. Algo chirriaba ante sus sentidos y se volvía un poco... insoportable, sí, esa es la palabra. Era un poco neurótica. Sobre todo con algunas cosas. Por ejemplo, no entendía la manía de la gente de mezclar cosas en busca de vanguardias alimentarias y estéticas. ¿Qué hay que descubrir cosas nuevas y evolucionar? ¡No a costa de la armonía y la estética! Ni que nos hubiésemos vuelto locos, habría dicho. Era un ser extraño, sobre todo por algunas manías que tenía. Te cuento. Siempre tenía que llevar los ojos perfilados, incluso para dormir. La palidez de sus pestañas la volvía insoportable y por eso siempre tenía un lápiz de ojos a su alcance, indiferentemente de dónde se encontraba, con quien o porqué. Nunca llegué a saber si era porqué siempre quería estar presentable para dar una buena imagen o porqué adoraba sus ojos verdes perfilados por el azabache. A lo mejor era por las dos cosas, quien sabe. Esto también pasaba con el carmín. Vale que no dormía con él puesto, pero lo llevaba hasta para estar por casa. Pocos llegaron a ver el color rosáceo pálido de sus labios. Pero en este caso estoy convencido de que era por un fetiche suyo, uno de los tantos que tenía. ¿O era por su narcisismo? Bueno, qué más da, si para ella el fetichismo y el narcisismo iban de la mano; primos hermanos les llamaba. Otra manía que tenía era la de llevar siempre un libro y una pequeña libreta en el bolsillo. Siempre en el mismo bolsillo y siempre el mismo libro. No sabría decirte cual era, pero creo que de algún francés. No sería extraño, pues era una sabelotodo de la literatura francesa. A veces podía ser demasiado nacionalista, lo admito. Ese orgullo francés que conlleva haber nacido en un país que fue la cuna de la Ilustración y cuyos intelectuales y literarios impregnan aún hoy nuestra historia occidental, la subyugaba. Pero contra todo pronóstico, su director de cine favorito no era francés, si no uno de esos yanquis. Cosa extraña, he de deciros, ya que sentía un amor odio por todo lo que proviniese de ese país. Cada domingo a las ocho de la mañana se levantaba y se ponía una película de ese director, Woody Allen, pero siempre eran películas donde le daba una gran importancia a la ciudad en dónde tenía lugar la historia: Annie Hall, Manhattan, Midnight in Paris... Las adoraba.

Un personaje curioso esta joven, uno de esos que no sabes si querer u odiar, porqué la indiferencia con ella no funciona. Quizá ambas cosas, en diferentes momentos. ¿Cómo no odiarla cuando se pasaba la vida mirándote con prepotencia y haciendo comentarios mordaces hacia todo y hacia todos? Pero, oh queridos/as, cómo no amarla cuando se contoneaba delante mía y me sonreía con esos labios color carmín y ese olor a invierno que desprendía de su melena cuando se agitaba en busca de una taza limpia para el té y su ceño fruncido cuando no la encontraba y tenía que limpiarla ella misma. Era en esos momentos cuando habría dado cualquier cosa por poder tocarla y quitarle ese color rojo pasión para enseñarle al mundo su delicioso color rosáceo pálido. Ese rosáceo que te noqueaba y te convertía en un ser salvaje, dispuesto a cometer los más viles crímenes con tal de que esos labios fuesen tan solo tuyos. Tuyos. Míos. Sólo míos.

Reacciones:

8 comentarios:

  1. ¡Pues me ha gustado mucho! Me encantan los fragmentos así que te describe tanto y tanto, yo suelo describir de más siempre cuando escribo algo.

    Lo único que yo soy muy maniática de los párrafos no muy cargados... (También tiene que ver un profesor de universidad que era un hijo de su madre y nos puso unas pautas para todos los trabajos y decía que un párrafo no podía tener más de 5 ó 6 líneas porque si no, molestaba a la vista y, vamos, que te suspendía directamente por eso xD) Así que cogí la manía de hacer párrafos, no tan exactos pero párrafos... Y quizá cuando llevas un rato leyendo, puedes desviarte de línea por ser tan extenso... :3

    Una simple opinión como "aprendiz" de escritora y amante de la escritura xD

    Un beshote (:

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  2. Interesante lo de los párrafos. Tiene mucho sentido, así que intentaré ponerlo en práctica a partir de ahora. Muchas gracias por tus comentarios, preciosa *-*

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  3. Kant hacía párrafos de 15.000 palabras. Los párrafos no tienen condiciones preestablecidas, más allá de que se acaba cuando el tema tratado da un giro o desaparece... a mí me resulta que los párrafos están bien delimitados.

    Por demás el texto es precioso (excepción hecha de alguna pequeña falta de ortografía).

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  4. Debate y reflexión (por mi parte, al menos). ¡Gracias!

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  5. Kant era un tostón.

    Me ha gustado, la verdad. La protagonista es muy indie y muy manic pixie dream girl. Eso sí, supongo que es el narrador quien la idealiza.

    Estoy con Cris en lo de los párrafos más cortos. No abogo por la densidad; se hace pesada. Y conste que no soy fan de la literatura ligera.

    Te diría más cosas pero estoy desde el móvil. ¡Sigue escribiendo!

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  6. Me ha encantado esa descripción de ella, pero sí, es él quien la idealiza, y convierte en virtudes algunos de sus defectos.

    Muchísimas gracias por tu opinión, Gala <3

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  7. Juega con la longitud del párrafo.No hay normas.es como las frases.puedes hacerlas rápidas.O largas, llenas de comas, difíciles de leer, farragosas y pesadas. depende qué escribes, qué cuentas...

    Sólo es una opinión :)

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Estaré encantada de leer todo lo que quieras decirme, siempre y cuando sea desde el respeto :)